Conoce como influyen las emociones en lo que comemos y mantén el estrés a raya

El estado de ánimo puede alterar nuestras elecciones alimentarias y viceversa: haber consumido (o dejado de consumir) determinados alimentos puede influir en el estado anímico.
La tristeza, el aburrimiento o el estrés condicionan la manera en que nos relacionamos con la comida. Sin embargo, estas interacciones son tan complejas, que es difícil establecer con claridad cómo es el vínculo entre emoción e ingesta, qué es consecuencia y qué es causa.

Las emociones y la comida

Nuestra actitud antes o después de comer es la forma más habitual y explícita de la relación que existe entre la comida y el estado de ánimo. Cuando tenemos hambre muchas personas, tienden a estar agitados, en alerta, e incluso, irritables, ya que esta condición estimula y fomenta la búsqueda de alimento. En cambio, después de una comida que nos sacia, los nutrientes absorbidos llegan al cerebro: a través del sistema nervioso se genera una sensación de calma y el humor es más positivo.

Pero no ocurre lo mismo siempre. Las emociones son de tristeza, vergüenza o ansiedad después de haber consumido un alimento que no debíamos, que sabemos que no es sano o que no forma parte de nuestro plan alimentario para perder peso.

El estrés y las ganas de comer

El estrés afecta a la salud de manera directa a través de múltiples procesos fisiológicos, pero también es capaz de cambiar comportamientos que se relacionan con la salud, como la selección y la ingesta de alimentos.
La mayoría de las personas experimentan cambios en la conducta alimentaria en respuesta a una situación de estrés. Pero, esta respuesta no es la misma en todos los individuos. Estos efectos parecen ser distintos en función del tipo de persona que siente estrés: quienes restringen la ingesta de manera habitual suelen responder con más apetito y ganas de comer que quienes no la limitan de forma cotidiana.

Seis claves para superar el estrés y la ansiedad sin recurrir a la comida

Para regular la ingesta y para minimizar las consecuencias negativas del estrés y la ansiedad, os damos las siguientes recomendaciones:

  1. Practicar ejercicio físico.
  2. Evitar el abuso de cafeína, alcohol y las comidas excesivas.
  3. Organizar el tiempo y la ingesta de alimentos para llevar un control.
  4. Intentar mantener expectativas realistas a la hora de intentar conseguir algo.
  5. Compartir las emociones: buscar alguien con quien conversar y expresar las emociones, tanto las positivas como las negativas.
  6. Anticiparse a las situaciones estresantes y prepararse para ellas, imaginar la situación y practicar las respuestas y reacciones.

En definitiva: llevar una alimentación equilibrada, practicar ejercicio y tener vida social son la clave para controlar el estrés y tener una relación saludable con la comida.

Rocío Falcón

Coach nutricional

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